Autor: Dr. Alberto Rojas, PhD.
Resumen
La pérdida de la cortesía, la agresión verbal y la banalización del lenguaje público reflejan una profunda crisis cultural y moral en la sociedad a nivel mundial. Esta situación revela la necesidad de repensar la educación más allá de su dimensión técnica, para situarla como espacio de humanización, diálogo y reconstrucción ética. Siguiendo las perspectivas de Morin, Freire y Savater, el presente texto reflexiona sobre el respeto como fundamento epistemológico y moral de la convivencia social, y plantea la urgencia de revalorizar la palabra, la prudencia y la cultura como herramientas de cohesión y transformación colectiva.
Palabras clave: respeto, educación, ética cívica, diálogo, formación ciudadana, valores.
Introducción
La degradación del lenguaje público y la pérdida progresiva de la cortesía colectiva constituyen signos evidentes de una descomposición social que trasciende lo meramente comunicativo. En el mundo donde vivimos, la normalización de la violencia verbal y de los comportamientos irrespetuosos evidencia la erosión de los valores que sustentan la convivencia democrática. Tal fenómeno no es sólo una cuestión de formas, sino el reflejo de lo que Edgar Morin (2001) denomina la crisis de la antropo-ética: la pérdida de conciencia sobre los vínculos que nos constituyen como humanidad.
Respeto, palabra y educación moral
Desde una perspectiva educativa, el respeto no puede entenderse únicamente como una norma de cortesía o convivencia, sino como una construcción cultural que implica reconocer al otro como interlocutor válido. Paulo Freire (1997) subraya que toda educación auténtica se basa en el diálogo, entendido como un espacio donde las diferencias se reconocen y la palabra se asume como un acto de amor y responsabilidad. Sin embargo, cuando la palabra se hace trivial o se convierte en agresión, se quebranta el diálogo y, con él, la posibilidad de reconstruir el tejido social.
En concordancia, Fernando Savater (1997) argumenta que educar no consiste solo en instruir, sino en formar en humanidad. La ética cívica tiene como propósito enseñar a convivir, a respetar lo diverso y a actuar con sensatez frente a los otros. Así, el respeto es un aprendizaje moral que debe nacer del ejemplo y de la reflexión crítica, más que de la imposición normativa.
La reconstrucción cultural y moral de la sociedad
La superación de la crisis de valores requiere un compromiso colectivo orientado a recuperar la palabra como símbolo de dignidad y construcción social. Morin (2001) propone "una educación para la comprensión humana", centrada en reforzar la solidaridad y la empatía frente a la deshumanización contemporánea. De esta forma, el respeto y la cultura del buen trato se configuran como pilares para una convivencia basada en la dignidad, la justicia y el reconocimiento mutuo.
La reconstrucción del mundo debe comenzar precisamente en ese terreno simbólico y ético: el de las interacciones diarias, donde la educación, la cortesía y la responsabilidad comunicativa sean nuevamente la norma que sostenga la esperanza colectiva.
Conclusión
El respeto —entendido como una disposición ética y una práctica educativa— constituye la base indispensable de toda sociedad democrática. Recuperar la fuerza formadora de la palabra y la cultura supone reorientar la educación hacia la construcción del ser humano en su dimensión moral y ciudadana. Una educación heutagógica, dialógica y solidaria permitirá reconstituir los lazos sociales hoy fracturados, haciendo posible un mundo sustentado en el entendimiento, la dignidad y la convivencia pacífica.
Referencias
Freire, P. (1997). Pedagogía de la autonomía. Saberes necesarios para la práctica educativa. Siglo XXI Editores.
Morin, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.
Savater, F. (1997). El valor de educar. Ariel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario